Es la segunda o la tercera vez que me he visto muerto, en sueños, o entre sueños e intenciones. Miento, debe ser la vez número ocho que sucede lo mismo. Y mi voz vuelve a ser negra, y mi mente le sigue la corriente, y se desconectan cuando la fiebre pierde el respeto sobre mí y las cosas reales me enseñan a través de ejemplos inexistentes que suceden pero que no pasan, que golpean pero no tumban, que lastiman pero no hieren, todo a nivel mayor, por lo menos mayor que la primera de las ocho veces que la tormenta atormentada deja de ser exclusividad de mi cabeza. No sé a dónde se va todo eso cuando la resaca brilla por su ausencia y el coñac lacera en calma. Tampoco sé que día regresarán, me dicen por ahí que cuándo el frío ataque, pero yo de eso no me preocupo y si lo hago vuelvo a enchufarme con la prudencia, el frío no existe y no me apetece para nada volver a sentir aquella ausencia del calor que de malos recuerdos y otras frustraciones ineludiblemente vuelven a mi mente, sí, se supone que sí, pero nunca se sabe, nadie duda como yo, pues después de todo soy un mortal más, de esos con miedo a sentir el temor.
Y ahí estaba, un ataúd marrón, y me acerqué con seguridad y algo de certeza bañada en titubeos en cada paso. Y me vi, ahí adentro, de negro, mal peinado y pésimamente maquillado. Tal vez fue mi reacción la que me tomó por sorpresa al no rebotar como debería haberlo hecho la vez que me vea en un ataúd; y me di cuenta que estoy muerto y que eso tendría que estar por encima de un par de detalles que me dejaron en conmoción.(ni siquiera en sueños la blancura acompaña a mi alma).
Y me peiné hacia atrás, como nunca lo hago, pero como siempre lo sueño, sobretodo cuando en un féretro me encuentro. Y luego el color, ¿por qué tan blanco? soy consciente de mi palidez, pero aquella tan exagerada y tan extremista me hicieron reír. No recuerdo si pude mejorar mi color, pero aquellos labios morados me hicieron extrañar y valorar más el rojo que aún los acompañan y que algo de "vida" les otorga. Ahora la gente ya puede ingresar y verme, llorarme, burlarse y por qué no, escupirme, total, me veo bien e inspiro tantas sensaciones que no me sorprendería que algo más intentasen hacer. Lástima que no fui testigo de aquellas suposiciones maliciosas de una mente retorcida pero sincera. Lástima que el sueño decidió interrumpirse y pausarse hasta quién sabe cuándo. Lástima que no fue un ataúd blanco, pero me alegro de estar vivo, no sé por qué, no sé hasta cuándo, no sé nada pero me gustaría saber todo. En fin, una historia que quiere acabar pero que forzosamente se empeña y mucho en subsistir. Tengo motivos, sí, algunos, pero a veces, sólo a veces es bueno pensar y tratar de jugar que el mundo no me necesita, y por supuesto, yo a ellos tampoco.
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