No hay posibilidad de detener mi actuar, insensible al dolor, indiferente a la alegría y neutro a la tristeza; lo demás no existe. Tengo, al igual que todos, una meta y prefiero que me tilden de codicioso antes que de perseverante, yo la manejo y me encanta salirme del carril, doblar justo en aquella esquina que dice: "miseria"; aunque preferiría aquella otra más completa que declara: "miseria emocional".
Calculo mis pasos, pues sí, a veces soy maligno y otras veces también, pero con menos fluidez. Tropiezo de vez en vez, pero de eso no me gusta hablar ni mucho menor contar; aquí lo fundamental es llegar a mi cometido, que en esta ocasión es, digamos, un jardín de rosas al que me gustaría patear, maldecir, desgarrar y sangrar. Y es por eso que, no tiene porque ser un acto malo precisamente; malos son sus ojos digo yo, malos son ustedes que también alguna vez condenaron y patearon a algo o alguien que no merecía dicho castigo.
No tengo ningún derecho a una franca restitución, tampoco la merezco, pero eso no está en debate en este momento; lo que sí quisiera es poder, aunque sea por una vez, liberar toda esa carga negativa que invade mi cabeza llena de esteras, carga que me condiciona y me obliga a dejar de valorar todo aquello que alguna vez me hacia, te hacia y nos hacia sonreír.
Fielmente pruebo lo que alguna vez indebido para mi fue, hoy llego a la cima y de una buena vez el cuento concluirá de la manera más ruin, no porque yo lo quise así, no porque estaba escrito y mi destino únicamente se encargo de entregarme la última línea amarga de la noche; sino porque esta noche, por vez primera, ante mis ojos dos sujetos nada elegantes me ofrecen muchas cosas pero ninguna es de mi agrado. Hasta aquí he llegado y confieso que tuve una vida llena de equivocaciones y contrasentidos, "aún no es tarde para arrepentirnos" me engaño a mí mismo, porque la verdad es que mi tiempo agotado ya estaba, mis ganas desvanecidas se encontraban, el cerebro podrido, el alma desgarrada, el corazón averiado y otros síntomas muy parecidos a la inhumación.
No me queda otra salida, no me queda otra opción, la locura se encuentra liberada por los pasillos, aquel garbo que hace poco me acompañaba me ha abandonado, pero no sólo él se ha ido, la arrogancia se burla de mi condición desde la ventana y junto con ella lo poco que me quedaba de soberbia trata de esquivarme y eludirme, todos ellos, al igual que yo; somos unos malagradecidos y sinceramente "malagradecidos" es un adjetivo muy chico para el momento que se torna fatídico.
Consumamos el acto. Fuera de la casa uno a uno se van perdiendo por entre las calles sin rumbo todas mis posturas y sensaciones, cada una toma su camino y me abandonan en la habitación que ahora la noto más enorme y oscura que nunca; es el final, sí, es mi final.
No sé si podré llegar al jardín de rosas, no sé si me seguiré manejando en la inmodestia, tampoco sabré si valió la pena esperar y conceptuar intolerantemente a todo y todos; sólo sé que allá, ya no lo podré hacer.
Atte, Una persona que quiso pero no pudo, que tuvo y malgasto, que odio y amo y que finalmente vivió pero no existió.