lunes, 4 de abril de 2011

NO HAY MESA PARA DOS

No hay posibilidad de detener mi actuar, insensible al dolor, indiferente a la alegría y neutro a la tristeza; lo demás no existe. Tengo, al igual que todos, una meta y prefiero que me tilden de codicioso antes que de perseverante, yo la manejo y  me encanta salirme del carril, doblar justo en aquella esquina que dice: "miseria"; aunque preferiría aquella otra más completa que declara: "miseria emocional".

Calculo mis pasos, pues sí, a veces soy maligno y otras veces también, pero con menos fluidez. Tropiezo de vez en vez, pero de eso no me gusta hablar ni mucho menor contar; aquí lo fundamental es llegar a mi cometido, que en esta ocasión es, digamos, un jardín de rosas al que me gustaría patear, maldecir, desgarrar y sangrar. Y es por eso que, no tiene porque ser un acto malo precisamente; malos son sus ojos digo yo, malos son ustedes que también alguna vez condenaron y patearon a algo o alguien que no merecía dicho castigo.
No tengo ningún derecho a una franca restitución, tampoco la merezco, pero eso no está en debate en este momento; lo que sí quisiera es poder, aunque sea por una vez, liberar toda esa carga negativa que invade mi cabeza llena de esteras, carga que me condiciona y me obliga a dejar de valorar todo aquello que alguna vez me hacia, te hacia y nos hacia sonreír.

Fielmente pruebo lo que alguna vez indebido para mi fue, hoy llego a la cima y de una buena vez el cuento concluirá de la manera más ruin, no porque yo lo quise así, no porque estaba escrito y mi destino únicamente se encargo de entregarme la última línea amarga de la noche; sino porque esta noche, por vez primera, ante mis ojos dos sujetos nada elegantes me ofrecen muchas cosas pero ninguna es de mi agrado. Hasta aquí he llegado y confieso que tuve una vida llena de equivocaciones y contrasentidos, "aún no es tarde para arrepentirnos" me engaño a mí mismo, porque la verdad es que mi tiempo agotado ya estaba, mis ganas desvanecidas se encontraban, el cerebro podrido, el alma desgarrada, el corazón averiado y otros síntomas muy parecidos a la inhumación.

No me queda otra salida, no me queda otra opción, la locura se encuentra liberada por los pasillos, aquel garbo que hace poco me acompañaba me ha abandonado, pero no sólo él se ha ido, la arrogancia se burla de mi condición desde la ventana y junto con ella lo poco que me quedaba de soberbia trata de esquivarme y eludirme, todos ellos, al igual que yo; somos unos malagradecidos y sinceramente "malagradecidos" es un adjetivo muy chico para el momento que se torna fatídico.

Consumamos el acto. Fuera de la casa uno a uno se van perdiendo por entre las calles sin rumbo todas mis posturas y sensaciones, cada una toma su camino y me abandonan en la habitación que ahora la noto más enorme y oscura que nunca; es el final, sí, es  mi final.
No sé si podré llegar al jardín de rosas, no sé si me seguiré manejando en la inmodestia, tampoco sabré si valió la pena esperar y conceptuar intolerantemente a todo y todos; sólo sé que allá, ya no lo podré hacer.

Atte, Una persona que quiso pero no pudo, que tuvo y malgasto, que odio y amo y que finalmente vivió pero no existió.

sábado, 2 de abril de 2011

ADHESIÓN FORZOSA

Sin el deseo de tocar fibras intocables, sin el pretexto de recordar actos imborrables y mucho menos querer colisionar contra el muro de aquellas memorias archivadas involuntariamente por culpa de, digamos, el tiempo y el espacio; que nunca sé donde están, pero sé que ahí están y si no es así, tengo presente aquel escrito que me dejaron firmado en el tocador y que pesadamente leo todos los días; "volveremos pronto" decían y se burlaban de mi patética rutina de lamentos, ¿patética? me pregunto a mí mismo, y si no es patético escuchar por las madrugadas alguna canción que identifique el estado de ánimo mas no la situación, entonces llámenme dramático suicida.   
Tengo tres pretextos tres, el primero: "Ella ya no está" (mi peor carta de presentación); "Ella nunca me entenderá" cita el segundo y me doy cuenta de que un pretexto no siempre tiene que ser una salida, en fin, el tercero y último dice: "Ella tiene otro" y vuelvo a ser consciente de que soy un machista justificador. Llevo un buen tiempo tratando de disculparme con mis motivos que se encuentran resentidos encerrados en el armario, esta vez no habrá libre albedrío, sobretodo para mí, o para personas como yo que llevamos estampada en la frente el peor hábito del mundo: "alcohol + noches"; que combinación para más extraordinaria.                                                                                      
Al margen de querer cambiar por alguien y no poder, y muy al borde de no querer ni siquiera intentarlo, tengo más de un fallo conmigo mismo, pero está bien, sólo yo puedo perdonarme las veces que quiera, la linda autoperspectiva que nunca me sentencia y que siempre me acompaña, toda la vida jugará para mi equipo, que bueno fuera que esta aberración de razonamiento que asalta mi rumbo fuera aceptada y aprobada por todas las personas a las que alguna vez enterré vivas y que no sólo la tengan que soportar y admitir, sino que también la pusieran en práctica, el mundo no seria mejor, pero por lo menos habría menos caos.                                                                                  
Poseo también una queja disfrazada de arrepentimiento, un llanto con careta de júbilo y un desconsuelo con máscara de alegría, que afligida es la vida cuando las opciones de empirismo son minúsculas, necesito más alternativas de regocijo que vuelvan a mi cabeza un prostíbulo, un par de causas  bondadosas no le vendrían mal al sistema tampoco; en fin, el amor es, o estar enamorado es un estado de estupidez transitoria, transitoria y contagiosa, por eso esta prohibido revocar aquellos clichés y premisas correlacionadas a esto del amor y las estupideces. Aprovechar el día a día sin despeinarse es  no conseguir ni un carajo, la vida no está mal hecha, uno mismo la descompone, la oxida y la quema a balazos.