Osarse si quiera a referirse, tantos motivos, tantas disculpas, tantos pretextos, tantos tantos y pocos pocos, creo en el "por qué" que me ha abandonado pero que me obliga a recurrir nuevamente a la desdichada pregunta, tan envejecida y saludable, porque llegó el día en que aquellos tan pequeños, tan agraciados, tan insuperables, tan verdes ojos, ya no me miran, nunca más.
Hablemos de culpables, ¿dónde firmo? y es que el desliz, aquel error irreconocible mas no incorregible, ése que hacía que me vea tan pequeño; ya lo ubiqué, lo tanteé y ya lo repudié, es mi culpa, sí; es por eso que tú ya no estás acá, maldita la culpa, la sensación y la consecuencia, pero bendita la hora en que la inseguridad fue trasmitida, fue perceptible, fue letal. Ya sé por qué no estás más acá.
Mil veces me pregunté si es que existía una persona que podría reemplazarme, que sea él y que no sea yo el que a tu lado esté, permanezca y se quede. Esas ganas locas de cambiar las mil preguntas por un balazo en los oídos, cuando por ahí, en medio de entrometidos, maliciosos y hasta malvados, a estos oídos llegó la noticia que en mi cabeza dejó de ser novedad, él es mejor que yo, así me dijeron, así me inventaron, así me evidenciaron. Que carga la mía, que carga pesada, alguien mucho mejor que yo; que engreído sigo siendo.
Pero las mujeres también hablan, sobretodo las amigas, préstame una oreja me dijo, y yo le presté las dos bajo mi responsabilidad. Hay cosas nuevas, juegos nuevos, diálogos nuevos, mentiras nuevas, hay de todo y todo es nuevo, me contaba mientras me arrepentía más de haberle prestado mi atención que ambos oídos pues en el fondo nunca dejaré de ser engreído, todo lo que hace con él, lo aprendió conmigo, me dije, le dije y ella seguramente se los dijo, a ambos, a nadie, a todos.
Y arrincono lo que justifico, sí pudiera te extinguiría, pero mientras tanto me gustaría darte la razón, así no la tengas, así nunca la hayas tenido, cuando se pisa fondo hasta el ultimo recurso se presta para salvar lo insalvable. Y me gustaría ser mago, adivino, brujo, hechicero, genio y dios, todo al mismo tiempo y en el mismo lugar para por lo menos cumplir aquello que te prometí pero que jamás realicé. El presuntuoso presente otra vez en esta línea, te propongo un desafío que nunca aceptarás, no es mejor que yo y lo sabes, pero sí la premisa fue no aceptar el reto, mucho menos será realizable la admisión. A que yo tengo más miedo que él.
Lo amas ya, lo sé porque se lo dices, lástima la tuya y dicha la mía que nunca supiste utilizar correctamente la palabra "amor", te regalo, mejor te dedico la palabra "barato" para que sin sorprenderte anudes los términos. (Nota mental: Mejor te regalo un diccionario) Y dudé, y desconfié y temí, si nunca supiste lo que es amar, los mil te amo que en mi bolsillo dejaste, no fueron verdaderos y vuelvo a dudar, desconfiar y temer, los que le dices a él, ¿serán de verdad?. Sólo un mago, adivino, brujo, hechicero, genio y dios, lo saben, ni siquiera tú.
¿Significarán algo los besos que ya le diste? Pues yo no logro olvidar tu casa sin gente, tu cuarto desordenado y la luz apagada.
Vi el destello de tu amor, dentro de un gigantesco bloque de hielo, te volvería a dar la razón, y volvería a aceptar mi pequeño y hasta mediano error.
Me hubiese gustado que no leyeras la única carta que te escribí, pero me encantaría que pudieses leer las miles de cartas mentales que día a día te escribí, pero que nunca terminé de redactar. No sé que me pasó, no sé por qué te dejé servido en bandeja mi corazón, no sé por qué me siento tan minúsculo mas si entiendo a la perfección el rencor que me invade, la caballerosidad no existe para mí. Ven, regresa, que extraño cuidarte, pues ni eso sabías hacer por ti misma,